Una vivienda no necesita mantenimiento solamente cuando algo se rompe.
De hecho, muchas reparaciones caras empiezan con un problema pequeño que nadie detecta.
Una fuga que hoy produce una gota puede terminar dañando un mueble, una pared o el suelo.
Por eso es útil tener un calendario sencillo.
Cada mes
Comprueba rápidamente:
- grifos;
- cisternas;
- desagües;
- humedad visible;
- ventanas;
- electrodomésticos principales.
No necesitas desmontar nada.
Simplemente presta atención a cambios respecto al funcionamiento habitual.
Cada tres meses
Revisa:
- filtros de equipos que los utilicen;
- campana extractora;
- aire acondicionado si está en uso;
- persianas;
- juntas;
- desagües;
- enchufes deteriorados.
Dos veces al año
Haz una revisión más completa de:
- calefacción;
- climatización;
- ventanas;
- puertas;
- sellados;
- humedad;
- tejados o terrazas si son accesibles;
- elementos exteriores.
Una vez al año
Actualiza:
- inventario de electrodomésticos;
- documentación;
- garantías;
- fotografías de instalaciones;
- reparaciones realizadas.
También comprueba los sistemas de seguridad y detección que tengas instalados.
Lo importante
No necesitas convertirte en técnico.
El objetivo es detectar cambios:
antes funcionaba → ahora hace algo diferente.
Ese cambio puede ser la primera señal de una avería.



