Una factura puede subir aunque tu consumo apenas haya cambiado.
Por eso, comparar solamente el importe final puede llevar a conclusiones equivocadas.
Compara los kWh
Busca el consumo de la factura actual y compáralo con otro periodo comparable.
Por ejemplo:
- Factura A: 250 kWh.
- Factura B: 260 kWh.
Si el importe ha aumentado mucho más que el consumo, hay que investigar qué ha cambiado.
Compara también los días
Una factura de 45 días no debería compararse directamente con una de 30.
Y mira el precio
Puede cambiar:
- el precio de la energía,
- la potencia,
- impuestos,
- servicios adicionales,
- descuentos,
- condiciones de la tarifa.
La comparación correcta
En vez de preguntar:
«¿Por qué este mes he pagado 20 € más?»
pregunta:
«¿Cuántos kWh he consumido, durante cuántos días y a qué coste efectivo?»
Ese pequeño cambio de enfoque evita muchos errores.



