La potencia contratada no es la cantidad de electricidad que consumes.
Es, simplificando, la capacidad máxima que puedes utilizar simultáneamente sin que se produzcan problemas derivados de superar la potencia disponible.
Un ejemplo
Imagina que tienes:
- horno,
- lavadora,
- lavavajillas,
- termo eléctrico.
Si varios funcionan al mismo tiempo, la potencia demandada puede ser elevada.
Pero eso no significa que todos estén consumiendo continuamente esa potencia.
Aquí aparece una diferencia fundamental:
potencia = kW
energía consumida = kWh
Confundir ambas es uno de los errores más habituales al interpretar la factura.
¿Y si tengo demasiada potencia?
Puedes estar pagando un término fijo superior al necesario.
En España, además, existen consumidores que tienen dos potencias contratadas para distintos periodos horarios.
Un análisis de OCU publicado en 2026 señala que solo alrededor del 2% de los consumidores estudiados tenía dos potencias diferenciadas.
¿Y si tengo demasiado poca?
Puedes sufrir interrupciones cuando coinciden varios aparatos de alta potencia.
Por eso no se trata simplemente de contratar el mínimo posible.
La potencia debe ajustarse a tu vivienda y a tus hábitos.
Antes de cambiarla
Observa durante un periodo qué potencia máxima utilizas realmente y qué aparatos suelen funcionar simultáneamente.
No reduzcas la potencia a ciegas.



