Una vivienda necesita mantenimiento incluso cuando aparentemente todo funciona.
Una revisión periódica ayuda a detectar problemas antes de que se conviertan en reparaciones caras.
Una vez al año, revisa como mínimo
Agua
- grifos,
- cisternas,
- desagües,
- posibles fugas.
Electricidad
- enchufes deteriorados,
- interruptores,
- señales de calentamiento,
- disparos anómalos de protecciones.
Ventanas y puertas
- cierres,
- juntas,
- persianas,
- herrajes.
Humedad
- techos,
- esquinas,
- baños,
- cocina,
- zonas poco ventiladas.
Calefacción y climatización
- funcionamiento,
- filtros cuando corresponda,
- radiadores,
- termostatos.
Seguridad
- detectores,
- cerraduras,
- iluminación exterior,
- fijación de muebles altos.
Hazlo con una lista
La ventaja de una revisión anual es precisamente que no depende de acordarte.
Puedes dividirla por estaciones:
Primavera: ventanas, humedad, ventilación y climatización.
Verano: aire acondicionado, persianas y protección solar.
Otoño: calefacción, radiadores, ventanas y sellados.
Invierno: condensación, humedad y funcionamiento de la calefacción.
No necesitas desmontar media casa.
La clave es detectar pequeñas anomalías antes de que se conviertan en grandes reparaciones.



